Dios está trabajando
Una noche, ya tarde, José y Teresa iban en su auto al hospital para que naciera su segundo hijo, pero sucedió algo inesperado. ¡Ella empezó a dar a luz al bebé! José llamó a emergencias y una operadora pudo guiarlo para que ayudara en el parto. Pero el bebé no respiraba. Entonces, la operadora le indicó cómo hacer respiración artificial, lo cual él tuvo que hacer durante seis minutos cargados de ansiedad. Por fin, el recién nacido tomó aire y se puso a llorar. Más tarde, cuando les preguntaron cómo habían hecho para enfrentar semejante experiencia y permanecer calmos, la operadora respondió: «¡Me alegro de que Dios trabaje a medianoche!».
Realmente asombroso
Leí estas palabras en la página web personal de una joven: «Solo quiero ser amada… ¡y él tiene que ser extraordinario!».
Problema de sumisión
Durante una entrevista en un programa de televisión, una artista famosa confesó que gastaba miles de dólares y cientos de horas todos los años en artículos para el cabello y en la peluquería. Reconocía que eso se había convertido en una adicción y admitía que tenía un problema de «sumisión al cabello».
Cosas pequeñas
Una facultad de medicina, en Nueva York, ofrece una oportunidad singular a los alumnos que se especializan en geriatría: durante diez días, residen en un hogar de ancianos y experimentan cómo es la vida allí. Aprenden lo difícil que es maniobrar una silla de ruedas, ser levantado de la cama con un elevador y tomarse de la barra de la ducha estando sentado. Uno de ellos aprendió lo importantes que son algunas cosas simples, como colocar los nombres de los pacientes a menor altura en las puertas, para que encuentren sus habitaciones con más facilidad, o poner el control remoto del televisor en un lugar accesible.
Tormentoso y despejado
El otro día me sentía deprimida por algunas circunstancias y me preguntaba cómo podría levantarme el ánimo. Saqué de un estante el libro de Susan Lenzkes Life Is Like Licking Honey Off a Thorn [La vida es como sacar miel de una espina], y leí: «Aceptamos la risa y las lágrimas como vengan, y dejamos que nuestro Dios de la realidad le ponga sentido a todo».
¿Por dónde empiezo?
Hace varios años, iba conduciendo por la autopista cuando mi coche dejó de andar. Estacioné al costado del camino, salí del auto y abrí el capó. Mientras miraba el motor, pensé: ¿De qué vale todo esto?… No entiendo nada de automóviles. ¡Ni siquiera sé por dónde empezar!
¿Verdadero o falso?
Esteban suele testificarles a sus compañeros de trabajo; pero, cuando menciona algo específico de la Biblia, alguno a menudo dice: «¡Un momento! Eso fue escrito por hombres y está lleno de errores como cualquier otro libro».
Toma mi mano
Un día, mientras iba detrás de una joven familia hasta un faro, las altas olas del lago Michigan golpeaban contra el muelle. Alcancé a escuchar lo que la niña le dijo al padre: «Papá, por favor, camina a mi lado y tómame de la mano mientras vamos por esta parte que me da miedo».
Mirar atrás
El verano pasado, mi esposo y yo viajamos en tren desde Grand Rapids hasta Chicago. Como nuestros asientos miraban hacia la parte posterior del tren, lo único que podíamos ver era donde ya habíamos estado, no hacia donde íbamos. Edificios, lagos y árboles pasaban volando tras la ventanilla, después de haberlos dejado atrás. No me gustó. Prefiero ver hacia dónde voy.
¿Un domingo más?
Un soleado domingo por la tarde, después de regresar de la iglesia, salí a caminar por el vecindario. Un hombre cortaba el césped junto a la acera, y lo saludé con el habitual «hola, ¿cómo estás?». Con tono negativo, respondió: «Es sólo un domingo más». Luego, me pregunté qué había querido decir: ¿Sólo hago mis tareas; cumplo mis obligaciones?